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sábado, 26 de septiembre de 2015

EL TORISTA ICONOCLASTA


 TANTEO DE LA EMBESTIDA Parecería un contrasentido el título de esta entrega ya que el torista es, por definición, el aficionado que tiene a la bravura como referente del mérito que alcanza el torero con su arte. Es emplazar al toro bravo como base inconmovible de la Fiesta. Por lo mismo, si además de ser torista le da por ser iconoclasta es decir, dedicase a demoler ídolos (humanos), nos da un personaje singular.   

PITÓN DERECHO Los toristas que conozco viven irritados porque, según ellos, algunas si no es que todas las Figuras, se han agigantado haciéndole fiestas a animales serviciales, con trapío dócil y repetidores como cómplices bonachones de una farsa. Por si fuera poco, sufren aún más por lo que cobran las Figuras, las fechas que acumulan y las incontables salidas en hombros.

ENGANCHÓN Esta calamidad es lo que detestan los toristas de la Fiesta actual, pero es lo que atrae a los toreristas a los tendidos.

PITÓN IZQUIERDO Habrá que aceptar que las Figuras torean tan bien que el tamaño y demás rasgos ausentes o al menos apenas insinuados de los verdaderos toros bravos, no son extrañados durante la faena. Esas son las proezas cumbres que las Figuras brindan de tarde en tarde. Por cierto, a diferencia de sus contrarios, los toreristas no hablan mal de las ganaderías, aunque si de los animales individuales, cuando no dan buen juego.  

PITÓN DERECHO La pasión taurina es una viga en el ojo ajeno, mas en el nuestro, un visor prístino. Ellos, los que no son como nosotros,  no pueden analizar, ni saben, ni aprenden, ni le dan al torero su justa dimensión y menos aún divisan al toro; no son buenos veedores, se interpone la viga.

PITÓN IZQUIERDO Nosotros, en cambio…

PITÓN DERECHO Padecer el furor taurino nos afilia irremediablemente a uno de esos dos bandos. Una vez con el boleto en la mano, tomamos el asiento para disfrutar de nuestra afición. Resulta que nos acomodamos entre dos grupos: toristas aquí y toreristas allá y nosotros quedamos donde dicen los demás que nos toca o donde nuestra íntima convicción nos ubica.    

PITÓN IZQUIERDO Pero apenas empiezan las querellas. En un principio ser, o proclamarse torista también significa que uno debe dedicarse a la mofa de las figuras taurinas, aunque parece una incongruencia; estar a favor del toro--toro y desplegar una campaña permanente en contra los diestros notables. Esto no ocurre, al menos con tanta frecuencia, como dijimos arriba, con los toreristas quienes no acostumbran a criticar a las ganaderías, aunque sí a los toros que no son serviciales.

PITÓN DERECHO Dicho de otra manera: los toristas deploran la fama alcanzada con insignificancias dóciles, mientras que los toreristas reclaman toros lucidores. Los primeros la agarran contra las figuras espurias,  mientras que éstos exigen que lo que salga por toriles sea algo con lo que los ídolos puedan embellecer la tarde.

 PITÓN IZQUIERDO Tenemos a la mano dos casos extremos que ilustrarían lo dicho. En uno, De Labra narra, en su amenísimo y por lo tanto didáctico libro Gustavo Castro Cuna, El Santanero, (México Mío. México, 2015) pág. 97, los andares de un ganadero que seguía al mismo hato de potrero a potrero, sólo para disfrutarlo desde lejos y entre los matorrales. El otro caso torerista es una de mis amistades quien prefiere el toreo de salón a cualquier otro episodio de la tauromaquia.

PITÓN DERECHO Son los dos diamantes engastados en cornamenta abierta. El resto de nosotros, recorremos la cuna de un lado a otro, según la tarde, pero sin salirnos de lo que creemos es la justa apreciación.

PITÓN IZQUIERDO ¿Qué creen? Después, con el paso de las temporadas los toreristas arriban a la iconoclasia, es decir, también optan por arremeter contra los ídolos que ellos mismos habían enjoyado, porque a todas las Figuras se les llega el día del empalago, la fecha de ser repudiadas. La afición toma la piqueta y empieza a demolerlas, reprochando ahora lo que antes alababa. La chusma disfruta colapsarlos de sus templetes; les exigen diversidad en su quehacer, es decir piden que se despojen de la personalidad otrora fascinante y que sean otros. Así es como acaban por echarlos de la fiesta o provocarles la cornada de la despedida.

PITÓN DERECHO Ahí es el momento cuando toristas y toreristas se aproximan como los diamantes de una encornadura brocha; finalmente cercanos en su furor iconoclasta. Los toreristas están hartos y se aburren; los toristas tienen tiempo ya enfadados. 

PITÓN IZQUIERDO Habrá que reconocer que los toristas son los primeros que estuvieron dispuestos a tumbar ídolos falsos, ya que los toros con que se encumbran los mamarrachos, no son toros.

PITÓN DERECHO Los toreristas por su cuenta llegan a hastiarse de la creatividad, de la técnica, del valor, de la mercadotecnia de las Figuras, en las luminosas tardes de toros y claman para que se vayan. Lo dijo Agustín Lara: el hastío es pavorreal que se aburre de luz en la tarde.

PITÓN IZQUIERDO El aporte cultural de los toreristas, es la creación de los mitos populares que son tan necesarios para cohesionar la sociedad. Se apretujan en la procesión que los lleva a las figuras doradas que dan, de una u otra manera, sentido saludable a las necesidades populares.


DESPLANTE La función de los toristas es más contundente, tratan de componer la Fiesta Brava proponiendo un tótem, no un ídolo. Órale.