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lunes, 18 de agosto de 2014

MÁS DE LECUMBERRI

PITÓN DERECHO Jorge Espinosa de los Monteros fue quien nos anunció desde la contraportada, la originalidad de la lectura de Lecumberri, lo que para nuestra suerte, se corrobora. Encontramos que la originalidad es la sobriedad con la que los Lecumberri atienden su vocación a la crianza del bravo. Agrega a lo anterior una muestra de refranes, entre los miles del folclor y los emplea como hierros para marcar los capítulos. También echa frecuentes vistazos a su, por lo visto, amplia biblioteca familiar.  

PITÓN IZQUIERDO José Antonio Luna es el prologuista de esa aventura ganadera y, como ya se dijo, la piedra filosofal debe combinar sangres: ¾ de San Mateo, aclimatación mexicana de Saltillos y ¼ de Navarros, de allá, del sur de los Pirineos.

PITÓN DERECHO En sus elucubraciones para aislar los vientres y sementales necesarios para el menjunje ansiado, Lecumberri recurre a lo próximo y lo lejano, tanto histórica como geográficamente. Y hace un recorrido larguísimo con episodios y anécdotas de sabores varios que para bien de los ausentes los encuaderna en el libro mencionado.

PITÓN IZQUIERDO En el Diario de Viaje resultante aparece la fauna y flora completa del pensil taurino. Fauna, los insaciables comensales del hartazgo en que han convertido la fiesta y la flora de los personajes probos y honestos. Los rufianes y amigos; golfos y obreros hacendosos. Burócratas corruptos y funcionarios rectos. Resulta sorprendente la tolerancia con la que los lectores reconocemos tales especímenes como los asistentes a la Fiesta. .  

PITÓN DERECHO Es bueno encontrar en los retratos hablados varones probos y dilectos cuates, confiables socios y amigos entrañables; empresarios confiables y toreros valientes. Los varones justos que no firman los tratos y que, aún así,  los cumplen cabalmente.

PITÓN IZQUIERDO Sobre la arena la preocupación por el juego que den sus toros no le cancela la apreciación festiva de la circunstancia folclórica de plazas como la de Vizarrón, las de Atengo y Arroyo y las tientas en su cortijo. Nos invita a una divertidísima fiesta taurina con el pretexto de los esponsales de un hijo.En esta ocasión  así como en muchas, se revela como un confiable observador participante de las costumbres folclóricas.

PITÓN DERECHO La feria de Atengo es un ejemplo divertidísimo de su cuaderno etnográfico así como las participaciones de las Reinas de tacón alto sobre los alberos: luego el paseíllo, no bajo el Cielo Andaluz, sino sobre la marcha Zacazonapan.  

PITÓN IZQUIERDO La portada de



Óscar Matchain Martínez cercena a Navarrito, el semental de lujo, en dos mitades que se acomodan en las pastas. Tal diseño nos obliga a espantar las moscas y recordar que la Fiesta tiene las suyas, igual de molestas. Esas tres moscas tan inevitables que casi llegan a ser indispensables en los chiqueros, nos recuerdan el título y el sol difuso nos hace arder de ganas de la lectura.

PITÓN DERECHO Las ilustraciones de Jorge Matchain Martínez hacen juego con la narración porque presenta a las vaquillas, toros, vacas y novillos con rasgos anchos que les va bien a la imagen de dureza de la ganadería. Los que sobrevivimos a la tecnología del revelado del negativo y pasamos  por  la maravilla del polaroid y apenas entendemos la imaginación digitalizada, celebramos el talento del dibujante cuando monta rostros de bibliófilos del siglo XXI sobre una pintura del XIX.

PITÓN IZQUIERDO La manipulación de Jorge es tal que los rostros incluidos muestran cierta complacencia para posar. Ese ensamble de caras nos hace recordar que los fotógrafos de nuestra  Villa de Guadalupe, nos hacían sacar la cabeza por los huecos ovales recortados sobre una escena aérea. La foto resultante, una vez revelada en la cubeta rebosada, nos hacía copilotos de Sarabia o Lindbergh. Aquí, en la página 256, los Bibliófilos Taurinos de México comparten el patio de cuadrillas con peones, toreros y aficionados de hace doscientos años.


RECORTE En un exceso reduccionista pudiéramos trazar dos triángulos para albergar la obra de Lecumberri: el triángulo de cúspides de Bravura, Nobleza y Tipo, para el reino animal y los vértices en que se engloba su comportamiento de ganadero: Cariño, Paciencia y Buen Gusto. Órale.