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jueves, 14 de mayo de 2009

CAPETO II

PITÓN DERECHO En mi anterior macheteo recordé que el médico Xavier Campos Licastro no había atendido a Manuel Capetillo en ocasión del hoyanco de tórax que le dejó Camisero en marzo del 59. Pues bien, la razón es sencilla: Campos Licastro entró al personal médico de la México hasta 1963, aunque sí supo de la intervención quirúrgica del Dr. Niebla indirectamente por la evolución que públicamente se conocía de la recuperación de Manuel Capetillo. Además, en la Cruz Verde atendía un sinnúmero de accidentes, incluyendo cornadas de toros.
PITÓN DERECHO, OTRA VEZ Si hemos de creerle al propio Campos Licastro en su obra Solo (Sic)...50 años de Operar Toreros resulta que la cornada no fue bien atendida y que se tardó más de lo técnicamente esperado para su restablecimiento. Se trató de una iatrogenia, como se denomina técnicamente lo que nosotros que no parlamos la jerga del quirófano, conocemos como negligencia médica. Durante toda su obra literaria Campos Licastro pondera su técnica y aportes (indudables) a la cirugía taurina y de refilón tiende al sol algunos trapitos percudidos de los habitantes del planeta taurino y en el caso que nos ocupa nos dice que Capetillo era proclive a la difusión, entre más gratuita mejor y que exageraba la importancia de los cates, buscando publicidad, porque los de la fuente querían estímulos.
PITON IZQUIERDO En el caso del cuerno derecho de Camisero nadie, en su juicio, puede negar que se quedó corto unos centímetros para causar la muerte. La gravedad del percance no se infló, ni se tuvo que exagerar la probabilidad de un siniestro desenlace.
Recordemos que nuestro juez de plaza el Dr. Leonardo Sepúlveda, era de la idea, a diferencia de Campos Licastro, que en los dominios de Hipócrates no había tal cirugía taurina o que no llegaba a ser una disciplina particular. En todo caso bastaba un buen traumatólogo para atender los eventos de lesiones en el ruedo que pudieran darse debido a las astas de toro. En este momento, habría que recordar aquel torero que recibió una cornada aquí en Mexicali y posteriormente en la Ciudad de México se le encontró otro recorrido interno de cuerno, que había pasado desapercibido o bien, le había tocado en suerte otra iatrogenia o un tratamiento chambón de su lesión. Por su parte Campos Licastro eleva la atención de heridas por cuerno a una rama de la cirugía y mucha de la satisfacción que se llevó a la tumba es el hecho que, por su tenacidad, se celebren en el planeta de los toros congresos dedicados a la cirugía taurina. Muchísimas iatrogenias, incluyendo la rodilla del Rey David, fueron notadas por Campos Licastro en tan interesante libro.
PITÓN IZQUIERDO, OTRA VEZ La tragedia es parte del público de las corridas. Sólo que es un tipo de espectador que en el momento menos pensado brinca como espontáneo, es decir, se aparece cuando regularmente nadie lo espera y se encarama en la testuz armada. Causa tanta conmoción que borra al resto de los participantes cuando sangra al embestido. Es tan patética la cornada que cuando hace carne con alguna seriedad, sienta sus reales y margina al resto de la tarde y de los asistentes
PITON DERECHO Como ejemplo de lo anterior, pocos recuerdan que cuando murió Sánchez Mejías su alternante fue Armillita, cuando se dio el dúo Islero-Manolete, lo fueron Dominguín y Gitanillo de Triana (Rafael), cuando murió Gitanillo de Triana (Francisco), se trató de Lalanda. En Pozoblanco cuando Paquirri, fue el Yiyo, cuando le llegó el turno a éste, fue Antoñete. Cuando murió Joselito fue Ignacio Sánchez Mejías. En la tarde aciaga de Balderas recibió la alternativa Andrés Blando. En la tarde de Camisero-Capetillo alternaron Lorenzo Garza, en su segunda etapa y El Ranchero Jorge Aguilar.
DESPLANTE Tengo que volver a los muletazos de Capetillo y como el mensaje de la imagen muchas veces es superior al de palabras, observen la inclinación de Capeto, la longitud del envío, el letargo del instante, la somnolencia del momento, el ademán parecido a Silverio. Casi como variación del tema del paso doble de Lara, parece que se asoma para verse torear a sí mismo ¿Cómo pudieron ser captados todos esos detalles portentosos por los pinceles de Pancho Flores?

sábado, 9 de mayo de 2009

CAPETO




PITÓN DERECHO Para ser buen fotógrafo de cualquier actividad, el fotógrafo tiene que adentrarse en el tema y hasta disfrutarlo porque si no lo hace, las fotos nomás salen, sin decir nada, simples testimonios sin magnitud de la trascendencia. Ahora imaginemos a un pintor taurino. Está claro que si no le gusta el arte taurino solamente le salen los cuadros con toros y toreros y capotazos. Aunque venda mucho los cuadros. Pero si su afición taurina se adosa a la destreza técnica entonces con el pincel podrá abrir el lienzo como ventana para que se cuele la estética inmovilizada de un pase conmovedor.

PITÓN IZQUIERDO En la Tauromaquia de Pancho Flores, entre un medio centenar de óleos, aflora un derechazo de Capetillo. Con esa pintura Pancho Flores dice todo lo que se ha dicho con motivo del recientemente fallecido artista de la tauromaquia. Además, a colores. Se percibe el porte altísimo, para ser torero, de Manuel Capetillo. Necesitaba la inclinación para la reunión con el toro. Alto, de brazos longos sus muletazos tardaban en despedir al toro. Era el mismo tiempo que se dilataba el óle en las gargantas. La pintura de Flores cristaliza el momento pero, y esto es la magia del arte, deja que el ritmo siga embelleciendo el pase. La magia también aparece en las fotos de los periódicos.


PITÓN IZQUIERDO, OTRA VEZ Ese alargamiento de brazos, piernas y tiempo obligaba al temple. Sin el temple un pase con ese formato de geometría y duración no sería otra cosa que un largo trazo desabrido. Pero con la sazón del temple, con esa sincronía de latidos y óles unísonos y el amalgamiento de muleta y cornamenta lo superfluo se margina y sólo quedaba la belleza evolucionando con telas, colores, cuernos y oros. Eso lo lograba Manuel Capetillo con mucha frecuencia y según aprecio, su hijo Guillermo hubiera sido el heredero de tan distinguida dote taurómaca. Lástima que se le haya ido la enjundia entre tanta tele comedia, pero según el supra escrito, Guillermo Capetillo resulta ser el gran deudor de la dinastía porque no quiso disfrutar el sol y el oro y prefirió los reflectores.

PITÓN DERECHO Tuve la rara fortuna de ver aquella cogida del tórax en la México, Corrida 13 de la temporada, en marzo del 59. Cuando el toro Camisero lo prendió Capetillo se asió firme y desesperadamente del cuerno y con ambas puños crispados hizo una especie de arandela para que no siguiera el cuerno hendiendo carne y astillando huesos rumbo al corazón. Esa defensa no impidió que el toro lo zarandeara durante algunos segundos interminables pero evitó mayores daños. Tampoco se salvó de una convalecencia larga y expectante. Conservó la vida y todavía entregó algunas tardes memorables.

PITÓN DERECHO, OTRA VEZ En Las Cornadas, Ignacio Solares transcribe las palabras de Capetillo, quien recuerda que una medalla de oro que portaba esa tarde aciaga había desaparecido durante el trágico zangoloteo. Tiempo después el valuador de una oficina del Monte de Piedad y se la devolvió abollada y con valor sentimental acrecentado. .

PITÓN IZQUIERDO No fue Campos Licastro el médico que lo atendió sino Luis Niebla Ruiz.

DESPLANTE Otro eslabón de una gran dinastía que se incorpora a la memoria colectiva de los aficionados.